viernes, 25 de septiembre de 2009

martes, 22 de septiembre de 2009

La que sabe

“Hay una Vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla (...)
La que Sabe lo sabe todo acerca de las mujeres y ha creado a las mujeres a partir de una arruga de la planta de su divino pie: por eso las mujeres son criaturas que saben, pues están hechas esencialmente con la piel de la planta del pie que lo percibe todo.
Ella es la esencia salvaje que habita en la naturaleza.
Cualquiera sea su nombre, ella encierra en sí el pasado personal y el antiguo, pues ha sobrevivido generación tras generación y es más vieja que el tiempo.
La vieja,
La Que Sabe, está dentro de nosotras. Prospera en la más profunda psique de las mujeres, en el antiguo y vital Yo Salvaje. Su lugar es aquel lugar del tiempo en el que se juntan el espíritu de las mujeres y el espíritu de La Loba, el lugar donde se mezclan la mente y el instinto, el lugar donde la vida profunda de una mujer es el fundamento de su vida corriente... es el lugar donde se besan el Yo y el Tú, el lugar donde las mujeres corren espiritualmente con los lobos”.

Clarissa Pinkola Estés.
“Mujeres que Corren con los Lobos”.

lunes, 24 de agosto de 2009

martes, 21 de julio de 2009

sábado, 6 de junio de 2009

martes, 12 de mayo de 2009

martes, 21 de abril de 2009

martes, 7 de abril de 2009

Carta a un amigo


Martes 7 abril 1:10 am


Miro al espejo y no veo nada.

¿Te acuerdas de mí?, claro, pero permaneces mudo, aunque algunas veces me armo de valor y consigo hablarte, permaneces mudo, y entonces imagino que como siempre, estás cuidando de mí y por eso no contestas.

Desde que me fui han pasado muchas cosas, pero imagino que tu ya lo sabes.

Ya lo ves, tantos años lejos para regresar, aunque despacito, otra vez a casa y ya de lejos veo que no es la misma, ha cambiado, yo también he cambiado.

Al final descubro lo que tantas veces se repite, odio que los tópicos sean reales, pero en muchos casos es así y no puedo evitarlo, por más que luche contra ello, no puedo evitarlo.

El tiempo siempre ha sido antes, durante y después y contra eso nadie puede luchar en esta vida.

Durante un tiempo, unos años, traté de hacer que siempre fuera ayer, siempre, y el otoño conseguía que así lo sintiera y la navidad también.

Un día, casi sin darme cuenta, me encontré atrapada en un presente inmóvil tratando de luchar por un futuro que nunca llegó, que nunca fue presente, incluso hoy su recuerdo huele a pasado.

Canta el poeta que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió” ¡qué cierto!

Solo una vez conseguí que siempre fuera hoy, quería demostrar al mundo que había una posibilidad de saltarse esta medida absurda a la que llamamos tiempo pero solo conseguí que lo tacharan de locura y me ofrecieran esa medicina que todo lo cura, la que nos hace tontos, la que mantiene atados al rebaño de esta vida de unos pocos, para satisfacción del buen pastor, que miserables estos perros que trabajan a su servicio y piensan que el mejor amigo del hombre es el hombre, no se dan cuenta de su condición, no son capaces de mirarse al espejo por no descubrir que son solo eso, los perros guardianes, ni amigos ni ostias, solo guardianes del rebaño. Pero peor aun son aquellas ovejas que se creen los perros, con el fin de acercarse al pastor… qué decir.

Contigo todo era más fácil, cuando era niña y todo era posible.

Querían hacerme creer que había ángeles en el cielo que descendían de las nubes para cuidarnos y al mismo tiempo negaban tu existencia, hipócritas, nunca tuve la sensación ni la demostración de que tales seres existieran fuera de sus cabezas y sin embargo nadie ponía en duda su existencia, en cambio, a ti te temían y te negaban con miedo, a mi ángel guardián.

Siempre me fue mejor cuando te hice caso a ti que a ellos, y aun así, mostrándote delante de ellos, cuando decías estoy aquí, mírame, incluso entonces, cuando acelerabas sus pulsos con tus verdades, que a veces eran como espinas, y practicabas “tu justicia”, aun después de reconocerte, te negaban.

Hasta que un día, definitivamente, tras verme en ti, te negué yo y me negué también a mí.

Hace mucho tiempo que no hablamos, lo sé, y bien sabemos los dos que es esa hora de la que me hablabas.

He hecho más amigos, diferentes, pero sé que permaneces ahí, callado, que sigues protegiéndome y no hace falta que me repitas lo que en el fondo siempre he sabido, ni que me riñas, como hacías de vez en cuando al comprobar mi tozudez.

Solamente quería darte las gracias

lunes, 6 de abril de 2009