sábado, 7 de mayo de 2011

Poema del Crepúsculo

Hora de soledad y de melancolía,
en que casi es de noche y casi no es de día.
Hora para que vuelva todo lo que se fue
hora para estar triste, sin preguntar por qué.

Todo empieza a morir cuando nace el olvido.
Y es tan dulce buscar lo que no se ha perdido...
¡Y es tan agria esta angustia terriblemente cierta
de un gran amor dormido que de pronto despierta!

Viendo pasar las nubes se comprende mejor
que así como ellas cambian, va cambiando el amor,
y aunque decimos: ¡Todo se olvida, todo pasa...!
en las cenizas, a veces nos sorprende una brasa.

Porque es triste creer que se secó una fuente,
y que otro beba el agua que brota nuevamente:
o una estrella apagada que vuelve a ser estrella,
y ver que hay otros ojos que están fijos en ella.

Decimos: ¡Todo pasa, porque todo se olvida...!
y el recuerdo entristece lo mejor de la vida.
Apenas ha durado para amarte y perderte
este amor que debía durar hasta la muerte.

Fugaz como el contorno de una nube remota,
tu amor nace en la espiga muriendo en la gaviota.
Tu amor, cuando era mío, no me pertenecía.
Hoy, aunque vas con otro, quizás eres más mía.

Tu amor es como el viento que cruza de repente:
Ni se ve, ni se toca, pero existe y se siente.
Tu amor es como un árbol que renunció a su altura,
pero cuyas raíces abarcan la llanura.

Tu amor me negó siempre lo poco que pedí,
y hoy me da esta alegría de estar triste por ti
Y, aunque creí olvidarte, pienso en ti todavía,
cuando, aún sin ser de noche, dejó de ser de día.

José Ángel Buesa


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Nocturno VIII

Aquí, solo en la noche, ya es posible la muerte.
Morir es poca cosa si tu amor está lejos.

Puedo cerrar los ojos y apagar las estrellas.
Puedo cerrar los ojos y pensar que ya he muerto.

Puedo matar tu nombre pensando que no existes.
Ahora, solo en la noche, sé que todo lo puedo.

Puedo extender los brazos y morir en la sombra,
y sentir el tamaño del mundo en mi silencio.

Puedo cruzar los brazos mirándote desnuda,
y navegar por ríos que nacen en tu sueño.

Sé que todo lo puedo porque la noche es mía,
la gran noche que tiembla de un extraño deseo.

Sé que todo lo puedo, porque puedo olvidarte:
Sí. En esta sombra, solo, sé que todo lo puedo.

Y ya ves: me contento con cerrar bien los ojos
y apagar las estrellas y pensar que me he muerto.

José Ángel Buesa

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miércoles, 4 de mayo de 2011

SEMBRAR José Ángel Buesa

SEMBRAR

Alza la mano y siembra, con un gesto impaciente,
en el surco, en el viento, en la arena, en el mar...
Sembrar, sembrar, sembrar, infatigablemente:
En mujer, surco o sueño, sembrar, sembrar, sembrar...

Yérguete ante la vida con la fe de tu siembra;
siembra el amor y el odio, y sonríe al pasar...
La arena del desierto y el vientre de la hembra
bajo tu gesto próvido quieren fructificar...

Desdichados de aquellos que la vida maldijo,
que no soñaron nunca ni supieron amar...
Hay que sembrar un árbol, una ansia, un sueño, un hijo.
Porque la vida es eso: ¡Sembrar, sembrar, sembrar!


José Ángel Buesa

EL FALSO AMOR

EL FALSO AMOR

Un amor que pregunta, si es virtud o es pecado,
la fuerza que lo agita, eso es el amor soñado.
Un amor que se esconde, porque teme al futuro,
puede ser un amor, pero no es el más puro.

Un amor que se escapa de su propio sentido,
es la rama del árbol sin la gloria del nido.
Un amor que razona, que contrata su ensueño,
inevitablemente será un amor pequeño.

Un amor que me exige preceptos y rituales,
con dudas aritméticas y páginas legales...
Ese no es el amor que soñaba ofrecerte
para toda la vida, sobre toda la muerte.

Si tu amor es tan pobre, recuérdame perdido:
cuando es poco el amor, ¡Vale más el olvido!


José Ángel Buesa

viernes, 29 de abril de 2011

miércoles, 6 de abril de 2011

Noches de primavera

Qué será que cuando viste el campo
De verde su campo abierto
Y limpia la lluvia clara
El llanto del triste invierno

Cuando el sol brilla en lo alto
Iluminando la tierra
Haciendo brotar la alegría,
Calor que la sangre altera.

Trae la noche con su luna
Una pena que no entiendo,
Si vivo risueña el día
La noche me trae tormento.

Y en este laberinto extraño
Que es la mente en que me pierdo
Se juntan penas pasadas
Con cosas que apenas recuerdo.

No sé si es mente o es alma
La nostalgia que ahora siento
Ni si encontraré la calma
En un escondido momento.

Pero cuando cae el alba
En el rojizo horizonte
Y muere el día de malva
Detrás de aquel bajo monte

Una angustia inexplicable
Se apodera de mi estado
Y hasta el aire que respiro
Siento denso y condensado.

Primavera de luz blanca
De calor y de sonrisa
Si bien para unos es vida
Por mí que pase deprisa.

Pues si en sus noches me ahogo
Aunque es dadora de vida
Prefiero el invierno muerto
Donde no brota la herida.

Itziar 6-IV-2011

martes, 5 de abril de 2011

Carta literaria Becquer

En mi anterior te dije que la poesía eras tú, porque tú eres la más bella personificación del sentimiento, y el verdadero espíritu de la poesía de otro.
A propósito de esto, la palabra amor se deslizó en mi pluma en uno de los párrafos de mi carta.

De aquel párrafo hice el último. Nada más natural. Voy a decirte el porqué. Existe una preocupación bastante generalizada, aun entre las personas que se dedican a dar formas a lo que piensan, que, a mi modo de ver, es, sin parecerlo, una de las mayores.

Si hemos de dar crédito a los que de ella participan, es una verdad tan innegable que se puede elevar a la categoría de axioma el que nunca se vierte la idea con tanta vida y precisión como en el momento en que ésta se levanta semejante a un gas desprendido y enardece la fantasía y hace vibrar todas las fibras sensibles, cual si las tocase alguna chispa eléctrica.

Yo no niego que suceda así. Yo no niego nada; pero, por lo que a mí toca, puedo asegurarte que cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes hijas de la sensación duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas transparentes, que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez por mis ojos como en una visión luminosa y magnífica.

Entonces no siento ya con los nervios que se agitan, con el pecho que se oprime, con la parte orgánica natural que se conmueve al rudo choque de las sensaciones producidas por la pasión y los afectos; siento, sí, pero de una manera que puede llamarse artificial; escribo como el que copia de una página ya escrita; dibujo como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes.

Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar como un tesoro la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que éstos son los poetas. Es más: creo que únicamente por esto lo son.

Efectivamente, es más grande, es más hermoso, figurarse el genio ebrio de sensaciones y de inspiración, trazando a grandes rasgos, temblorosa la mano con la ira, llenos aún los ojos de lágrimas o profundamente conmovidos por la piedad esas tiradas de poesía que más tarde son la admiración del mundo; pero, ¿qué quieres?, no siempre la verdad es lo más sublime.

¿Te acuerdas? No hace mucho que te lo dije a propósito de una cuestión parecida.

Cuando un poeta te pinte en magníficos versos su amor, duda. Cuando te lo dé a conocer en prosa, y mala, cree.

Hay una parte mecánica, pequeña y material en todas las obras del hombre, que la primitiva, la verdadera inspiración desdeña en sus ardientes momentos de arrebato.

Sin saber cómo, me he distraído del asunto. Comoquiera que lo he hecho para darte una satisfacción, espero que tu amor propio sabrá disculparme. ¿Qué mejor intermedio que éste para con una mujer?

No te enojes. Es uno de los muchos puntos de contacto que tenéis con los poetas, o que éstos tienen con vosotras.

Sé, porque lo sé, aun cuando tú no me lo has dicho, que te quejas de mí, porque al hablar del amor detuve mi pluma y terminé mi primera carta como enojado de la tarea.

Sin duda, ¿a qué negarlo?, pensaste que esta fecunda idea se esterilizó en mi mente por falta de sentimiento. Ya te he demostrado tu error.

Al estamparla, un mundo de ideas confusas y sin nombre se elevaron en tropel en mi cerebro y pasaron volteando alrededor de mi frente, como una fantástica ronda de visiones quiméricas. Un vértigo nubló mis ojos.

¡Escribir! ¡Oh! Si yo pudiera haber escrito entonces, no me cambiaría por el primer poeta del mundo.

Mas... entonces lo pensé y ahora lo digo. Si yo siento lo que siento, para hacer lo que hago, ¿qué gigante océano de luz y de inspiración no se agitaría en la mente de esos hombres que han escrito lo que a todos nos admira?

Si tú supieras cómo las ideas más grandes se empequeñecen al encerrarse en el círculo de hierro la palabra; si tú supieras qué diáfanas, qué ligeras, qué impalpables son las gasas de oro que trotan en la imaginación al envolver esas misteriosas figuras que crea y de las que sólo acertamos a reproducir el descarnado esqueleto; si tú supieras cuán imperceptible es el hilo de luz que ata entre sí los pensamientos más absurdos que nadan en el caos: si tú supieras... Pero, ¿qué digo? Tú lo sabes, tú debes saberlo.

¿No has soñado nunca? Al despertar, ¿te ha sido alguna vez posible referir, con toda su inexplicable vaguedad y poesía, lo que has soñado?

El espíritu tiene una manera de sentir y comprender especial, misteriosa, porque él es un arcano; inmensa, porque él es infinito; divina, porque su esencia es santa.

¿Cómo la palabra, cómo un idioma grosero y mezquino, insuficiente a veces para expresar las necesidades de la materia, podrá servir de digno intérprete entre dos almas?

Imposible.

Sin embargo, yo procuraré apuntar, como de pasada, algunas de las mil ideas que me agitaron durante aquel sueño magnífico, en que vi al amor, envolviendo a la Humanidad como en un fluido de fuego, pasar de un siglo en otro, sosteniendo la incomprensible atracción de los espíritus, atracción semejante a la de los astros, y revelándose al mundo exterior por medio de la poesía, único idioma que acierta a balbucear algunas de las frases de su inmenso poema.

Pero, ¿lo ves? Ya quizá ni tú me entiendes ni yo sé lo que me digo. Hablemos como se habla. Procedamos con orden. ¡El orden! ¡Lo detesto, y, sin embargo, es tan preciso para todo!...

La poesía es el sentimiento; pero el sentimiento no es más que un efecto, y todos los efectos proceden de una causa más o menos conocida. ¿Cuál lo será? ¿Cuál podrá serlo de este divino arranque de entusiasmo, de esta vaga y melancólica aspiración del alma, que se traduce al lenguaje de los hombres por medio de sus más suaves armonías sino el amor?

Sí; el amor es el manantial perenne de toda poesía, el origen fecundo de todo lo grande, el principio eterno de todo lo bello; y digo el amor porque la religión, nuestra religión sobre todo, es un amor también, es el amor más puro, más hermoso, el único infinito que se conoce, y sólo a estos dos astros de la inteligencia puede volverse el hombre cuando desea luz que alumbre en su camino, inspiración que fecundice su vena estéril y fatigada.

El amor es la causa del sentimiento; pero... ¿qué es el amor? Ya lo ves: el espacio me falta, el asunto es grande, y... ¿te sonríes?... ¿Crees que voy a darte una excusa fútil para interrumpir mi carta en este sitio?

No; ya no recurriré a los fenómenos del mío para disculparme de no hablar del amor. Te lo confesaré ingenuamente: tengo miedo.

Algunos días, sólo algunos, y te lo juro, te hablaré del amor, a riesgo de escribir un millón de disparates.

-¿Por qué tiemblas? -dirás sin duda-. ¿No hablan de él a cada paso gentes que ni aún lo conocen? ¿Por qué no has de hablar tú, tú que dices que lo sientes?

¡Ay! Acaso por lo mismo que ignoran lo que es, se atreven a definirlo.

¿Vuelves a sonreírte?... Créeme: la vida está llena de estos absurdos.

martes, 15 de marzo de 2011

viernes, 11 de febrero de 2011

miércoles, 19 de enero de 2011

Coincidencias significativas

Coincidencias significativas
fuente: enigmítica.
29 del 5 de 2010
Oímos por primera vez una nueva palabra poco común y poco después la escuchamos repetidamente, por ejemplo en elTelediario o en boca de un conocido. Esta es una coincidencia significativa simple, que se puede atribuir a la percepción enfocada. Los casos más complejos de este tipo forman parte de las experiencias misteriosas que siempre parecen estar asociadas a la fatalidad, como ilustra el siguiente ejemplo: en marzo de 1914, una madre fotografió a su hijo de cuatro años en la Selva Negra (Alemania). Después tuvo que viajar precipitadamente a Estrasburgo y olvidó recoger la película. Al poco estalló laPrimera Guerra Mundial. Dos años más tarde, la mujer compró enFrancfort una película nueva para fotografiar a su hija recién nacida. Al revelarla resultó que la película había sido expuesta dos veces: era la misma que había perdido. La primera exposición mostraba a su hijo en la Selva Negra jugando con sus amigos en la nieve y encima aparecía su hija pequeña tomando el sol en Francfort.
Arthur Conan Doyle (1859-1930), autor de las novelas de Sherlock Holmes y espiritista convencido, creía que los azares significativos podían atribuirse a la intervención de espíritus del más allá.
El escritor alemán Wilhelm von Scholz (1874-1969), quien recopiló muchos de los ejemplos de coincidencias significativas que se citan aquí, hablaba de la "fuerza de atracción del referente". Este concepto encierra la idea de que existen nexos invisibles que remiten a una interrelación trascendente y fatal.

SINCRONISMO
Estos extraños fenómenos engloban acontecimientos aparentemente no relacionados en la conciencia y en el mundo material. La coincidencia no tiene ninguna causa, pero los hechos guardan una relación significativa entre ellos. Elpsicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875-1961) calificaba estos fenómenos de "sincronismo" y trató de explicarlos a la luz de su teoría del subconsciente colectivo. Según él, el subconsciente colectivo es el plano espiritual más profundo común a los seres humanos de todas las épocas y culturas.
En él, el alma cruza las fronteras del tiempo y del espacio, y en él surgieron los mitos, por lo que cada individuo es partícipe a su vez de la mitología. Jung expresó esta circunstancia con estas palabras: "Cuando en el punto A sucede algo que afecta al subconsciente colectivo, entonces ha ocurrido en todas partes".

NEXOS NO CAUSALES
En determinadas situaciones, sobre todo las que tienen alguna significación existencial, suelen producirse más casualidades relacionadas con experiencias anímicas: a los ojos del observador parece existir una misteriosa dependencia de los acontecimientos interiores con respecto a los exteriores y viceversa.
Junto con el físico Wolfgang Pauli (1900-1958), Jung sistematizó su teoría: el sincronismo ha de entenderse como un principio de nexos no causales, por lo que no es un modelo teórico en el sentido de las ciencias naturales, sino más bien un marco descriptivo, basado en la íntima unión entre acontecimientos psíquicos y físicos, unión que ha sido redescubierta y está siendo estudiada ahora por la investigación moderna en torno a la conciencia. Jung diferenciaba tres categorías de sincronismo:
1.- La coincidencia no causal del estado anímico de la persona con un suceso exterior que ocurre al mismo tiempo y que se corresponde con dicho estado psíquico. Un ejemplo de ello sería el caso del "escarabeo" que se menciona más adelante.
2.- La coincidencia de un estado psíquico con un suceso objetivo que se corresponde con aquel pero que el sujeto no puede percibir. Por ejemplo, el fenómeno de la clarividencia puede considerarse un suceso sincronístico: en 1756, el naturalista y místico sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772) tuvo espontáneamente una visión durante un banquete en Gotemburgo: vio el incendio de la casa de su amigo enEstocolmo. Después resultó que el incendio se había producido realmente.
3.- La coincidencia de un estado psíquico con un suceso exterior futuro. En la década de 1920, una muchacha de catorce años visitó con sus padres el Mont-Saint-Michel en Francia. Estuvo admirando los grandes automóviles aparcados y se metió en uno especialmente bonito. El chófer le riñó en una lengua extranjera y la echó del coche. Ocho años después conoció en Múnich a un ingeniero escandinavo, con quien se casaría más tarde. Cuando después de la boda estuvo hojeando en un álbum de fotos de su esposo, reconoció el vehículo con el chófer delante del Mont-Saint-Michel. De niña había subido al coche de su futuro marido. Pero lo más notable de la historia es que del mismo modo que la habían echado del coche, su marido la expulsó años después del matrimonio. El divorcio le pesó durante décadas. En este caso, la coincidencia significativa aparece como un oráculo de una importante evolución futura.

EL FUNDAMENTO DEL SER
Con su teoría del sincronismo, Jung no sólo trató de abarcar fenómenos paranormales como la clarividencia, la telepatía y la precognición, sino también de crear un marco teórico que permitiera explicar la astrología y las modalidades de la profecía conocidas en todas las épocas y culturas. Así, por ejemplo, aplicó el concepto de sincronismo al antiguo libro oracular chino I Ching, según el cual se lanzan monedas para obtener una determinada respuesta adivinatoria. La moneda lanzada señala uno de los 64 textos oraculares del I Ching. Jung observó que las personas obtienen respuestas significativas y útiles cuando consultan el I Ching en situaciones existencialmente importantes. De este modo, a través de un proceso casual se establece una relación significativa entre un estado anímico -la situación crítica, que afecta a la propia existencia- y una respuesta al propio problema. Entre el estado anímico y la respuesta del oráculo no existe ningún nexo causal, y por tanto se trata de un fenómeno sincronístico.
Los ejercicios de Jung en torno al sincronismo desembocaron en especulaciones filosóficas. El psicólogo partía del supuesto de que existe un ámbito de la realidad que no es psíquico y físico: el fundamento primigenio del ser, situado fuera del tiempo y del espacio. Cuando en él se solapan el mundo anímico y el mundo material, entonces se producen los fenómenos sincronísticos.

LA SERIE DE LOS PECES
El propio Jung vivió numerosos fenómenos sincronísticos. Un ejemplo: "El 1 de abril de 1949 anoté por la mañana una inscripción que trataba de una figura que de cintura para arriba es humana y para abajo es pez. Había pescado para almorzar.
Alguien mencionó la costumbre del "pescado de abril". Por la tarde, una antigua paciente, a la que no veía desde hacía meses, me mostró algunos cuadros impresionantes de peces que había pintado ella misma. Al anochecer, alguien me enseñó un tapiz en que aparecen monstruos marinos y peces. A la mañana siguiente vi a una antigua paciente que yo no había visto en los últimos diez años. Me contó que la noche anterior había soñado con un enorme pez".

EL ESCARABEO DE ORO
Una paciente de C. G. Jung se había quedado estancada en la terapia. Por fin recordó un sueño en que aparecía un escarabeo de oro. Mientras la paciente relataba su sueño, una cetonia -un insecto centroeuropeo emparentado con el escarabajo y con reflejos metálicos en el caparazón- voló contra la ventana. Para Jung, este es un clásico ejemplo de sincronismo: el encadenamiento significativo de procesos internos y externos.
El escarabeo es un antiguo símbolo egipcio de la renovación, y en el sueño se establece una relación significativa con la esperanza de renovarse gracias altratamiento. En la vertiente exterior, en el preciso instante en que se relata el sueño, aparece un insecto similar. Y en efecto, después del suceso sincronístico con la cetonia, la terapia empezó de nuevo a funcionar, y la paciente pudo ser tratada con éxito y experimentó de este modo su renovación anímica.

LA ALIANZA EN LA FLOR
Cogiendo flores en Annatal, la mujer del pintor Moritz von Schwind perdió su anillo de boda. Desesperada estuvo recorriendo una y otra vez, junto con su marido, toda la zona, pero en vano. En el verano siguiente, los Schwind paseaban de nuevo por Annatal, sin acordarse ya de la dolorosa pérdida y exultantes ante el espectáculo de las plantas en flor, cuando observaron un brillo en una de las flores: una candelaria había crecido a través de la alianza y la llevaba en la punta.
Una señora relató que mientras se bañaba en un lago había perdido su sortija. A pesar de buscarla con ahínco, no logró encontrarla. Ocho años después estaba bañándose en el mismo lugar, cuando resbaló y puso la mano en el fondo para sostenerse. Al hacerlo, uno de sus dedos entró por la sortija.
En otro caso, una mujer perdió el día de su cumpleaños un broche poco común, que aunque no fuera muy valioso, tenía para ella un gran valor sentimental. Entristecida, ese mismo día abrió los regalos que le habían enviado. Entre ellos había un paquetito remitido por su tía, que vivía desde hacía decenios en ultramar. Dentro había un broche muy parecido al que acababa de perder. La tía, que nunca había visto el broche perdido, había comprado aquella joya en un impulso espontáneo.

LA TUMBA DE COPPET
En su época de estudiante, el profesor Hans Bender salió de excursión por el lago de Ginebra. En Coppet fue a visitar la tumba de Madame de Staël, donde leyó la inscripción: "¿Por qué buscáis al vivo entre los muertos?". De pronto, Bender tuvo un inexplicable ataque de llorera. Más de 30 años después, durante un congreso en el sur de Francia, Bender recibe una llamada telefónica: su madre se está muriendo. Emprende el viaje de vuelta a Friburgo; al anochecer se detiene en algún lugar y telefonea a casa. Le comunican que su madre acaba de morir. Cuando sale afuera, Bender descubre que se halla nada menos que delante de la entrada del cementerio en el que de joven le invadió de pronto una tristeza hasta entonces injustificada. El hecho de que la muerte de su madre hubiera proyectado su sombra sobre varias décadas en un suceso sincronístico y diera lugar a una vehemente emoción anímica inexplicable, refleja la relación especial y estrecha que unía a Hans Bender con su madre.