miércoles, 12 de septiembre de 2012

Hembra del viento libre


Tu ves pasar las horas frente a mi
El cuadro inmóvil gris, en la pared,
La vista triste mira más allá
La boca que sonríe sin reír.


Tu, dama blanca, estrella sin altar
Sueño perpetuo, amor sin frenesí
Mujer que doma el viento, el caminar,
Hembra del viento libre sin asir.



Es tu recuerdo el sur que nunca fue,
Tus sueños son sus manos sobre ti,
Tu aliento fue su voz y su vibrar
Tu anhelo el caminar que es su vivir.



Y fue tu infierno espalda de su amor
Y tú consuelo el ansia de vivir
Y convirtiose en deuda su canción
Aquella que por siempre has de blandir.



La historia se repite sin final
Un nuevo amor tú alma construirá
Y en ese cielo eterno de pasión
La nueva historia, un verso vivirá
Y así el espaldarazo de otro amor
Tal vez un alma libre moldeará.


Itziar 12-IX-2012

martes, 4 de septiembre de 2012

Ausencia de Dios


Ausencia de Dios




Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.


Mario Benedetti

martes, 31 de julio de 2012

martes, 12 de junio de 2012

CANCIÓN DE LA ESPERA


Espero tu sonrisa y espero tu fragancia
por encima de todo, del tiempo y la distancia.
Yo no sé desde dónde, hacia dónde, ni cuándo
regresarás... sé sólo que te estaré esperando.

En lo alto del bosque y en lo hondo del lago,
en el minuto alegre y en el minuto aciago,
en la función pagana y en el sagrado rito,
en el limpio silencio y en el áspero grito.

Allí donde es más fuerte la voz de la cascada,
allí donde está todo y allí donde no hay nada,
en la pluma del ala y en el sol del ocaso,
yo esperaré el sonido rítmico de tu paso.

Comprendo que de mí ya se ría la gente
al ver cómo te espero desesperadamente.
Cuando todos los astros se apaguen en el cielo,
cuando todos los pájaros paralicen el vuelo
cansados de esperarte, ese día
lejano yo te estaré esperando todavía.

No importa: aunque me digan todos que desvarío,
yo te espero en las ondas musicales del río,
en la nube que llega blanca de su trayecto,
en el camino angosto y en el camino recto.

Niño, joven o anciano, sonriendo o llorando,
en el alba o la tarde, yo te estaré esperando,
y si me convenciera que ese ansiado día
no habría de llegar, también te esperaría.


José Ángel Buesa


miércoles, 30 de mayo de 2012

Vidas


No se trata de buscar y hallar, Se trata más bien de caminar y encontrase, así, de golpe, como quien no ve venir lo que hay dos pasos más adelante.

A veces se me olvida mirar al frente y esto me lleva a dejar pasar las cosas, por despiste o por miedo, volviéndome testigo espectador de mi propia vida.

Puedo encontrar mil veces, la misma situación, la misma persona, la misma sensación y mil veces observarlo todo desde fuera, como siempre, como si esperase que una parte de mí fuera a reaccionar para, esta vez sí, cambiar las cosas, pero todo llega y todo pasa, y pasa ajeno al observador.

La noche me habla desde la brisa, que acaricia mi cara y azota mi pelo, como una amiga fiel que siempre llega a su hora.

Sus palabras son como la sombra de una idea que me persigue y que no consigo descifrar, pero aun así siento consuelo.

Qué será esta extraña nostalgia de primavera que al mirar a algunas personas o lugares parece que recuerdo cosas que nunca he vivido, como si un día atrás en el tiempo las hubiera perdido sin haber sido nunca mías.
En cambio algo dentro me hace sentir que soy yo, la niña sentada en la escalera que observa a su madre llorando en un lugar sin duda familiar, algo que reconozco como mi casa, una ventana que asoma a un campo con flores y junto a ella una mesa de madera con unas sillas también de madera.

La madre, mi madre, intenta disimular su pena haciendo aparentemente labores en la cocina, sé que algo no va bien.
Una voz me saca de esta ¿ensoñación? Y me retorna al mundo real, una mujer argentina esta apenada en la sala de espera de urgencias con un hombre alto, supongo que su pareja, esa mujer me ha traído ese extraño “recuerdo”, no se si mío, suyo o de ninguna de las dos. No me atrevo a preguntar, lo dejo pasar. Soy otra vez esa ajena espectadora de una vida, tal vez suya, tal vez mía, tal vez de las dos.