jueves, 4 de octubre de 2012

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Palabras


Acabo de terminar de leer un artículo que afirma categóricamente, entre otras cosas, que la creencia en lo espiritual no existe sino en la imaginación y necesidad de los propios seres humanos.
He conocido a personas que viven su espiritualidad de manera tan positiva que realmente me han hecho plantearme si vivimos en el mismo mundo, he llegado a pensar que mi sentimiento de espiritualidad no era tal al oír y leer a estas personas.
He conocido a personas espirituales tan negativas que he llegado a pensar que era preferible aferrarse a lo material y dejar de sufrir, por cierto sin éxito, por personas ajenas a ti.
 He conocido a personas que no son para nada espirituales ni sienten ningún interés por este tema.
Lo que nunca me hubiera podido imaginar, es que en el día de hoy,  una experiencia que tuve hace nueve años y que fue la más traumática que haya vivido jamás y que me dejó haciendo malabares durante 7 años tratando de encontrar el equilibrio en la línea que separa la cordura de la locura cobrara todo su sentido.
De repente un montón de ideas de alguien son solo un montón de letras afirmando una “verdad” que si bien es obvia para la mayoría de los pensantes no lo es tanto para unos cuantos experimentantes, por  llamarlo de alguna manera, al menos para ésta.
No me considero una sufridora cristiana buscando la recompensa del cielo ni nada remotamente parecido. Piense el pensante lo que le salga de los huevos.
Ni tan siquiera me considero una persona que lance amor al universo para que el universo le devuelva amor, piense el espiritual asimismo lo que le salga de sus sacros genitales.
Pero gracias a esa experiencia que me jodió la vida durante tiempo se muy bien el empuje que me mueve y he aprendido… algo que tal vez me vale solo a mi aunque sea algo que pertenece a todos.
Ahora entiendo el rechazo de unos y de otros, hasta el mío propio.
Pero sobre todo acabo de aprender que no puedo seguir el dogma de las letras de una biblia o un libro, aunque termine siendo excluida de todos los lados y por no pertenecer a ningún grupo o incluso sola.
Soy lo que soy, lo que mi pasado ha hecho de mí, las expectativas que tengo para mi futuro totalmente condicionadas por mis experiencias pasadas.
Si mis “malas vibraciones” te repelen pues ya sabes y si mis “buenas vibraciones” te saturan un tanto de lo mismo. Total sea como sea o haga lo que haga voy a ser juzgada
A veces hace falta tan solo un lugar solitario en la naturaleza, un poco de silencio y un soplo de aire fresco para darte cuenta de algo tan especial que cuando tratas de transmitírselo a alguien termina convirtiéndose en un montón de letras afirmando otra verdad y que nadie entiende o al menos tal como lo tratabas de transmitir… y aquí las dejo.

Hembra del viento libre


Tu ves pasar las horas frente a mi
El cuadro inmóvil gris, en la pared,
La vista triste mira más allá
La boca que sonríe sin reír.


Tu, dama blanca, estrella sin altar
Sueño perpetuo, amor sin frenesí
Mujer que doma el viento, el caminar,
Hembra del viento libre sin asir.



Es tu recuerdo el sur que nunca fue,
Tus sueños son sus manos sobre ti,
Tu aliento fue su voz y su vibrar
Tu anhelo el caminar que es su vivir.



Y fue tu infierno espalda de su amor
Y tú consuelo el ansia de vivir
Y convirtiose en deuda su canción
Aquella que por siempre has de blandir.



La historia se repite sin final
Un nuevo amor tú alma construirá
Y en ese cielo eterno de pasión
La nueva historia, un verso vivirá
Y así el espaldarazo de otro amor
Tal vez un alma libre moldeará.


Itziar 12-IX-2012

martes, 4 de septiembre de 2012

Ausencia de Dios


Ausencia de Dios




Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.


Mario Benedetti

martes, 31 de julio de 2012

martes, 12 de junio de 2012

CANCIÓN DE LA ESPERA


Espero tu sonrisa y espero tu fragancia
por encima de todo, del tiempo y la distancia.
Yo no sé desde dónde, hacia dónde, ni cuándo
regresarás... sé sólo que te estaré esperando.

En lo alto del bosque y en lo hondo del lago,
en el minuto alegre y en el minuto aciago,
en la función pagana y en el sagrado rito,
en el limpio silencio y en el áspero grito.

Allí donde es más fuerte la voz de la cascada,
allí donde está todo y allí donde no hay nada,
en la pluma del ala y en el sol del ocaso,
yo esperaré el sonido rítmico de tu paso.

Comprendo que de mí ya se ría la gente
al ver cómo te espero desesperadamente.
Cuando todos los astros se apaguen en el cielo,
cuando todos los pájaros paralicen el vuelo
cansados de esperarte, ese día
lejano yo te estaré esperando todavía.

No importa: aunque me digan todos que desvarío,
yo te espero en las ondas musicales del río,
en la nube que llega blanca de su trayecto,
en el camino angosto y en el camino recto.

Niño, joven o anciano, sonriendo o llorando,
en el alba o la tarde, yo te estaré esperando,
y si me convenciera que ese ansiado día
no habría de llegar, también te esperaría.


José Ángel Buesa