miércoles, 25 de enero de 2017

Los versos enterrados



Alguien me preguntó una vez
-¿Escribes poesía?
-Ya no, contesté, ahora solo escribo en prosa.
-¿Y ya no escribes en verso?, insistió.
-No
-¿Por qué?

Tras varias traiciones quise enterrar los versos en algún lugar muy profundo dentro de mi corazón, enterrarlos para siempre, pero cuál fue mi sorpresa, que a cierta profundidad me encontré con un ser, le pregunté su nombre y tras aclararme quien era me dijo;
-No sigas cavando, tienen que estar aquí. Yo te doy esta caja y los custodiaré.

Me mostró una preciosa caja de madera llena de símbolos que pertenecen al lenguaje de los sueños
-Aquí guardarás tus versos y cerrarás la caja bajo cinco llaves.
Si quería su caja y sus llaves tenía que hacerle una promesa y yo, como loca que soy de las cajas y las llaves desde que era niña, le hice la promesa.

Suavemente tomó mis versos en sus manos, como si fueran un tesoro hecho de lágrimas, ya ves, unos versos mal escritos tratados con tanto esmero… eso solo lo podía comprender un ser como él… o ella.
Depositó todos y cada uno cuidadosamente sobre el terciopelo negro que forraba el interior de la hermosa caja. Luego fue tomando las llaves, una por una, cerrándola cuidadosamente para no ofender a los versos y cuando hubo terminado, me dio el manojo de llaves para que yo lo guardara y un candil para que encontrara el camino de vuelta a la superficie.

Fuera me esperaba un animal nocturno, un animal del que no me había percatado antes de empezar a excavar, pero que por alguna razón que desconocía, sabía que siempre había estado allí.
Ese animal de grandes ojos redondos y amarillos como dos luceros celestes era un búho y cuando miré aquellos dos luceros que se calvaban en mis ojos, entendí que daban otro tipo de luz diferente a la que daba el candil.

Emprendí el camino a casa recorriendo el bosque, acompañada del candil y el búho y con las cinco llaves en mi mano.

-No, hoy por hoy no escribo versos, me limité a decir.

Una promesa es una promesa…

-Pero algún día volverás a escribirlos, ¿no?, insistió

Metí mi mano en el bolso del abrigo y agarré fuertemente las cinco llaves.

-¿Quién sabe?... contesté

lunes, 9 de enero de 2017