martes, 7 de enero de 2014

Se aproxima la tormenta y aparece como una nube negra dispuesta a engullirlo todo. Pero parece que solo la escuchan y la ven algunas personas que por algún infortunio han quedado fuera del hogar, desprotegidos.
Hablan entre ellos con espanto al oír el rugir del trueno, al contemplar el poder destructor del rayo...

¿Dónde se encuentran los otros?, en el lado más dulce de la madre, el lado consentido, ¿por cuánto tiempo?.

Veo romper una gota contra el cristal, pero esta gota no me deja indiferente, siento en las entrañas una angustia desgarradora, luego otra gota, y otra, y otra más. Siento como si me estuvieran arrancando el alma de cuajo, ¿Qué me sucede?.
Algo dentro de mí dice ya llega, ya llega, pero yo no quiero escucharlo.
Quiero escuchar todo lo de fuera, la gente, la música, los ruidos, pero no quiero escuchar más lo que habla desde dentro de mí, no quiero que llegue, ni tan siquiera quiero pensarlo, hoy todavía no quiero pensarlo.

Me alejo de mi interior, tengo miedo de la voz de la madre dentro de mí.
Son los días mas oscuros y absurdos de mi vida, intento agarrarme a lo que llaman cordura y me atiborro a mentiras en forma de cápsulas. Mentiras que poco a poco se apoderan de mi mente y mi cuerpo hasta traerme por fin la paz ansiada.
Las mentiras me alejan de mí y lejos de mí el dolor es menos intenso.

Pasan los años y la madre me grita desde fuera, acudo a su llamada, primero con desconfianza, pasito a pasito, hasta que al fin corro hacia ella y me envuelve en un abrazo, en un instante regreso a mí de nuevo. Solo queda el miedo, pero tal vez he entendido algo que todavía no entiendo, y en parte a vivir con el dolor.

Los otros siguen en su amable hogar, sin escuchar la tormenta, algunos me miran raro.
Pero hay otros, a los que algún haz de luz extraña les atravesó la cocorota y les chamuscó aquella parte del cerebro donde nace el misticismo, esa parte que muchos no llegaron nunca a desarrollar, y estos, me hacen sentir que no estoy tan loca, ahora veo la locura de los demás, la normalidad por una parte y esa chamusquina iluminada por otra.

La parte iluminada predica cosas sobre el despertar, hablan del dormir de los “normales”, hablan también sobre el futuro de paz que nos espera tras el despertar de la madre, sobre la evolución no se hacia dónde y predican la individualidad frente a la pluralidad para conseguir precisamente la unidad. Me siento idiota un día más, sigo sin entender como es posible que alejándote de todo el mundo puedas conectar con el mundo. Nunca vi a nadie que se mojara sin exponerse a la lluvia.

En medio de este caos la madre sigue hablando y con cada gota de lluvia una lágrima acude a mis ojos, con cada borrasca una depresión, con cada primavera brotes nerviosos y con cada noche de verano una paz infinita.

Mientras la madre se mueve, dice la parte iluminada que esta despertando, ellos son felices mientras
la madre engulle a sus hijos, los va devorando.

Si miro hacia el futuro ya no veo hogares tranquilos, pero no quiero mirar, no quiero escuchar, solo vivir el hoy con esta extraña y continua sensación de que todo lo que tanto temía ya está pasando.

Aun así no juzgo a la madre, no puedo más que sentir amor por, ¿por qué?.



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